El lodo de los recuerdos. Cuarto día en Ishinomaki

Amanece con un sol radiante que hace menos duro el frío mañanero. Desayunamos avena enriquecida con manzanas, plátanos, nueces y un poquito de leche de soya que aporta Matt. Después de la reunión diaria y los ejercicios matutinos, que han mostrado ser muy efectivos para evitar los dolores musculares post-trabajo, volvemos a nuestro campamento a prepararnos para un día más de trabajo.

Almost ready

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Ready to excercise

Leader's leader

Antes de partir al centro de la ciudad, mando los tres mensajes diarios en los que doy señales de vida, uno a mi familia y los otros dos a mis queridos amigos Armando y Héctor en Tokio. A eso se reduce mi contacto con el mundo exterior. Aprovechando el sol, dejo afuera mi cargador solar esperando que a mi regreso pueda cargar un poco la batería del teléfono.

De camino a la ciudad, el conductor de la camioneta toma el camino que pasa por la zona en la que el gobierno está poniendo todos los escombros y cosas inservibles. Es una montaña inmensa que hace que las grúas y los camiones que trabajan en ellas se vean pequeñitos. También vemos de nuevo el campamento de las Fuerzas de Autodefensa y más adelante el de los militares estadounidenses.

Group transportation

IMG_3756

Después de la reglamentaria preparación en Ai Plaza, el líder nos lleva al lugar de nuestra nueva tarea, un bar filipino. Armados con nuestro equipo de trabajo, caminamos por calles por las que no habíamos pasado antes. La sensación es sobrecogedora, a los lados no hay más que lugares destruidos,  escombros, bolsas con lodo y gente limpiando sus tiendas.

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El panorama fuera del bar no es mejor. Una montaña de unos dos metros de escombros forma una barrera alrededor de la zona.

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El bar que limpiaremos hoy se llama Manila. El dueño nos enseña el sitio y nos explica que él y su esposa han quitado el lodo del piso pero todo lo demás sigue tal cual lo dejó el tsunami. Habrá que sacar  los muebles, y limpiar a profundidad el lodo que está por todos lados, incluso en las paredes y la barra.

Manila bar

With the owner

Manila bar's kitchen

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El dueño nos dice que el agua llegó a los dos metros, arriba de la puerta de entrada. Acaba su frase con un kowai. No nos atrevemos a preguntarle dónde estaba cuando llegó el tsunami. Aunque sabemos que él y su esposa están bien, no sabemos si perdió a algún familiar, a sus hijos o a algún ser querido.

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Empezamos a sacar todos los muebles, vasos, utencilios, etc. Lo difícil es empezar a sacar las cosas que están detrás de la barra y en la cocina. El olor es nauseabundo, una mezcla de cosas echadas a perder con la pestilencia del agua estancada. Lodo negro con una consistencia poco agradable lo cubre todo. Encontramos cosas que son rescatables, sobre todo vasos y tarros de cerveza. Los ponemos a un lado y el dueño se los lleva a su casa. También sacamos algunas cervezas intactas del refrigerador y una caja de plástico cerrada herméticamente con trapos, libretas y algunos vasos. Todo lo demás es basura.

Nos toma un par de horas terminar de sacar todo; la estufa, el lavaplatos, dos refrigeradores, el sistema de sonido del karaoke y el de la cerveza de barril. Finalmente limpiamos con agua todo el bar dejándolo lo más  limpio que podemos y completamente vacio.

After cleaning!

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Kitchen is gone

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El dueño viene con su esposa a ver el resultado. Ella es la gerente del bar. Nos agradece  el trabajo que hicimos y nos dice que ella sola nunca hubiera podido dejar el bar tan limpio. Mientras llora abiertamente, hace muchas reverencias y luego va y viene observando el lugar. Le pedimos una foto a lo que accede emocionada y nos pide que volvamos en el futuro para disfrutar de una buena nama biru.

With the owners

Volvemos a Ai Plaza para esperar nuestra siguiente misión. Por la calles de nuevo observo la actividad generalizada de limpieza en los sitios por los que pasamos.

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Tachimachi streets

En Ai Plaza tomamos el lunch que consiste en los dos onigiris que preparamos la noche anterior, fruta seca, nueces y muchos chocolates.  Por la tarde nos asignan el estacionamiento de una casa. De camino a nuestra nueva tarea, pasamos por calles llenas de voluntarios y gente limpiando.

Other Peace Boat teams

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La capa de lodo en el estacionamiento es muy gruesa y está endurecida así que en esta ocasión un voluntario que desde Yokohama trajo su excavadora, nos ayuda con el trabajo duro de remover el lodo para que luego nosotros lo pongamos en bolsas.

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Mientras tanto, nosotros recogemos  escombros  para ponerlos en la vía pública y que los camiones y las grúas del gobierno puedan trasportarlos a la gran montaña de basura en las afueras de la ciudad.

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En la casa de atrás hay cuatro coches destrozados y casi un metro de escombro acumulado.

Neighbors entrance

Por como quedó todo, es fácil darse cuenta que el tsunami llegó por atrás de la casa que estamos limpiando, sacando por la ventana todo lo que había adentro. Mientras recogíamos el lodo que estaba afuera de esa ventana empezamos a encontrar figuras, piedras, cerámica. Al poco tiempo nos dimos cuenta que había muchas cosas que rescatar de entre el lodo. En su mayoría eran figuras pequeñitas que no se habían roto. Nos dedicamos toda la tarde a sacar esos recuerdos antes de meter el lodo fresco en las bolsas.

Mientras buscábamos esos “recuerdos”, empezamos a imaginarnos cómo es la familia. Ellos ahora están en Sendai y, según un letrero pegado en su puerta, todos están bien. Seguramente es una familia que le gusta viajar mucho porque nos encontrarmos figuras de los guerreros de terracota, gallos de madera de estilo francés, pesetas españolas, cerámica china y del sudeste asiático. También rescatamos muchas piedras, cuarzos y motivos budistas por lo que nos imaginamos a una familia espiritual.

Encontramos botellas de gin y de vino tinto y rescatamos unas cuantas fotografías. Todo eso lo reunimos en una bolsa y lo dejamos dentro de la casa esperando que cuando los dueños vuelvan, se lleven una pequeña sorpresa al ver que algunas de las cosas que daban por perdidas fueron recuperadas del lodo. Mañana volveremos a este sitio a poner en bolsas el lodo que han removido con la excavadora.

Trying to rescue personal things

Camino a la zona de limpieza, pasamos por la frutería que tanto me llamó la atención el primer día. Arif se detiene para ver si puede comprar espinacas para cocinar un platillo típico de Pakistán. No encuentra suficientes por lo que le dice al dueño que volverá mañana. Antes de eso, le preguntamos si tiene suficientes alimentos para vender ya que no queremos comprar cosas que a lo mejor alguien las necesita más que nosotros. Nos dice que no hay problema, que desde hace un par de días los canales de distribución se han reestablecido casi por completo y que todas las mañanas recibe todo tipo de comida y alimentos frescos, así que nos invita a venir  de compras a su tienda cuando queramos.

The Fruit store

Shower time

Volvemos al campamento. Un grupo de voluntarios japoneses llegan con ollas llenas de sopa  con mochi para regalar a los voluntarios del campamento. Mientras hago fila, conozco a una enfermera californiana que lleva tres semanas en Japón, todas ellas en ese campamento. Me cuenta que originalmente su grupo de voluntarias era de veinte pero que con la crisis en la planta nuclear, ya nadie quiso venir y ahora el grupo es solo de tres personas. Es una mujer muy pequeñita, más pequeña que yo, de unos 50 años con una mirada muy fuerte pero amigable. Nos cuenta emocionada que hoy descubrió un sento en el campamento de los militares y que pudo bañarse después de tres semanas de estar en Ishinomaki. Comparte con nosotros las  indicaciones y nos dice que vayamos. Nos presenta a su amiga, las dos son psicólogas especialistas en tratar gente con shock post traumático. Dice que encuentra la situación muy mal, que la gente en los refugios está muy deprimida por haber perdido a sus seres queridos y todo lo que tenían y angustiada porque no saben cuando mejorará su situación.

La enfermera me causa una gran impresión. Al final, con una sonrisa me pregunta de dónde soy. Cuando sabe que soy de México, me dice que ella estuvo haciendo ese mismo trabajo cuando el terremoto de 1985. Le agradezco por haber ayudado a mi país en esos momentos tan difíciles y ella me responde que  ahora con mi  ayuda aquí, estoy retribuyendo su labor de hace 25 años en México “you are paying it forward”.

Volvemos a la “cocina” y el equipo cena junto. El cansancio nos pega de golpe a todos mientras nos damos cuenta que estamos justo a la mitad de nuestra estancia en Ishinomaki. Todos comentamos que hoy al pasar por la tienda de kimonos, vimos que ya se habían llevado todo el escombro que sacamos el día anterior.

Solar charge

Me voy a mi casa de campaña a probar el cargador solar que resulta ser más efectivo de lo que pensé. Oscurece pronto por lo que leo un rato más y luego me meto a mi sleeping bag. No son ni las 9 de la noche pero los ojos se me cierran. Me tardo poco en conciliar el sueño mientras pienso en la dueña del bar, la enfermera de California y en los recuerdos recuperados del lodo.

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~ by Saralú on May 27, 2011.

5 Responses to “El lodo de los recuerdos. Cuarto día en Ishinomaki”

  1. Como siempre genial entrada Sara. Tengo una curiosidad que me ha asaltado, perdiste peso en tu semana de voluntariado?

    Un abrazo!

  2. Gran trabajo! me ha impresionado mucho tu entrada, y tu experiencia, claro! Gracias por compartirla!

  3. A través de zordor he llegado a tus crónicas de ayuda por el tsunami y me están gustando mucho. Vaya experiencia que estás viviendo. Imagino la huella que dejará en ti. ¡Animo Sara!

  4. hola sara, solo decirte que me he quedado impresionado con tus vivencias. gracias por compartir todo esto. ignasi

  5. Gracias a todos por sus comentarios y por visitar el blog. Es bonito saber que puedo transmitirles en palabras un poquito de esa experiencia tan especial.

    Rodrigo, me muero de risa con las preguntas que se te ocurren🙂 Pues no sé si perdí peso o no. Después del terremoto con los días de locura en el trabajo que pasé y que ya conoces, perdí casi cuatro kilos en dos semanas… puro estrés y el mal dormir, porque la verdad es que comía muy bien.

    Después en Ishinomaki, contra todo pronóstico, no comimos nada mal. Arif uno de mis compañeros de equipo era el chef y la verdad es que nos cocinaba cosas super buenas. En otra entrada verás que hasta tonkatsu comimos un día. Mi dieta allá tenía mucho (mucho) chocolate y nueces por aquello de la energía para el trabajo duro y el frío (quemábamos un montón de calorías)

    Ahora tengo varios kilos de más después de ir a México y comer como si no hubiera mañana. Pero quedé igual que antes del terremoto, así que no puedo saber si bajé en Ishinomaki y los subí en México o qué…

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