La difícil decisión

Cerré la última mochila y me puse mis botas. Bajé a tomar un taxi para poder llevar todo mi equipaje hasta el punto de reunión en el parque Chuo de Shinjuku. Me tardé casi cuatro horas empacando, asegurándome de que no se me olvidara nada pero sin llevar demasiado.

Packing everything

La gente de Peace Boat nos lo había dejado muy claro: uno, había espacio limitado para lo que cada voluntario podía llevar y dos, en Ishinomaki debíamos ser completamente autosuficientes para no consumir lo poco que hay para la gente de allí. Asegurarnos de llevar suficiente agua y comida para nuestro consumo era un prioridad. De electricidad ni hablamos, así que baterías de sobra en la mochila. Aunque todas las operadoras de teléfonos móviles funcionan allá, los celulares los usaríamos sólo para emergencias.

Ready to leave

Mientras el taxi avanzaba con dirección a Shinjuku entre las calles medio iluminadas de Tokio, las reflexiones se agolpaban en mi cabeza. Era el primer día en mes y medio en el que no había ido  a la oficina, en el que no pensaba en bequereles, niveles de radiación, informes, circulares, llamadas telefónicas, reuniones, briefings, etc. La difícil decisión no había sido la de ayudar en el norte de Japón de una forma sustantiva haciéndome presente, eso lo tenía muy claro desde hace varias semanas. La decisión complicada había sido hacer una pausa en el interminable trabajo del que soy responsable y el cual me apasiona y tomar un respiro alejada de Tokio para hacer algo de lo que no sabía si tendría la capacidad para hacerlo.

Estábamos hablando de trabajo físico duro, de vivir durante una semana en un campamento siendo completamente autosuficiente, de vivir y convivir en una de las zonas más afectadas por el terremoto y tsunami del 11 de marzo dónde un alto porcentaje de la población había fallecido, se encontraba desaparecida o era damnificada. Después del desgaste mental y emocional del último mes, ¿sería capaz de enfrentar este nuevo reto con la suficiente entereza? Todo en mí había cambiado, mis prioridades, mi visión de la vida. Dentro de mí sabía que no iba a estar tranquila tomando unos días libres, muy necesarios para entonces, sin pensar en toda esa gente que lo perdió todo. Lo sentía como un compromiso personal.

Así que allí estaba después de mucho darle vueltas y de prepararme lo mejor que pude, una noche de viernes camino a encontrarme con gente que había conocido brevemente tan sólo el fin de semana anterior en la reunión de orientación de Peace Boat. Para esta semana éramos 200 voluntarios con esa organización, de los cuales sólo 24 éramos extranjeros divididos en tres grupos. Por siete noches, dormiríamos en las inmediaciones de la Universidad Senshu, que albergaba a más de cien diferentes organizaciones de voluntarios.

Meeting point

Acomodamos nuestro equipaje en el autobús y en el coche de Jason, uno de mis compañeros de equipo que había tenido la amabilidad de poner a nuestra disposición su coche para llevar el agua suficiente para todo el equipo y parte de nuestro equipaje. La posibilidad de llevar cosas adicionales en su coche, la compañía de todos mis compañeros y la buena organización de mi equipo, hizo que la estancia en el campamento fuera una muy placentera e inolvidable.

El ambiente entre los voluntarios era amigable pero se sentía algo expectante e incluso tenso. Era normal, aunque nos habían explicado la situación varias veces, todos habíamos visto la destrucción en las noticias, fotos y los videos por lo que el sentimiento común era el de estar en camino a lo desconocido sin saber bien a bien lo que nos esperaba. Debíamos ser cuidadosos con lo que decíamos, con nuestros actos para no ofender a la gente de Ishinomaki. Por nuestras cabezas pasaba también el temor a réplicas fuertes y porque no, a otro tsunami y a los múltiples peligros en una zona de desastre. La Universidad estaba muy alejada de la costa pero aún así, eran las cosas que nos preocupaban a todos.

First stop

En las múltiples paradas de los autobuses, me pude percatar de que casi todo el tránsito hacia el norte se componía de coches, autobuses y camiones con letreros haciendo referencia a las tareas de reconstrucción y ayuda ante la emergencia en Tohoku. El común denominador eran las botas y la ropa de trabajo, ropa de frío y linternas. Todos estábamos preparados para ayudar, organizaciones, voluntarios, empresas y particulares.

Peace Boat Tohoku Earthquake Emergency Relief

A las 8 de la mañana en medio de una tormenta, llegamos a la Universidad Senshu. Después de darnos todas las indicaciones necesarias bajamos nuestras cosas y nos instalamos en una de las zonas más resguardadas de la universidad, a un lado de las canchas de tenis. Nos enteremos que sólo unos días antes, el fuerte viento y la nieve habían colapsado varias tiendas de campaña dejando a algunos voluntarios sin cobijo. Corrimos con suerte de encontrar esa zona disponible.

Setting the camp at Seshu University

Una vez instalado el campamento, los líderes nos informaron que la reunión general y el trabajo de ese día se cancelaban por la lluvia. La única actividad sería ir a Tachimachi en el centro de Ishinomaki dónde trabajaríamos los próximos días, para recorrer la zona y conocer el “centro de mando” Ai Plaza. Mis impresiones sobre esa primer visita las describí en las anotaciones que hice ese día y mismas que transcribo a continuación. En entradas posteriores, seguiré citando lo que escribí en esos días.

23/04/2011 6 pm. Escribo en el interior de mi casa de campaña bajo una tormenta que parece que nunca terminará. Hoy nos llevaron al centro de la ciudad de Ishinomaki, Tachimachi, después de levantar el campamento que nos acogerá por siete noches en la Universidad de Senshu y a donde volveremos exhaustos cada día después de sacar lodo de las casas y las tiendas que no fueron arrasadas por la fuerza devastadora del tsunami.

Team 43

Recorrimos durante una hora algunas calles, vimos escombros y casas a medio caer. Lodo por todos lados, por las paredes, dentro y fuera de los edificios. Miles de objetos personales apilados en la calle, inservibles, esperando a que las palas mecánicas vengan por ellos. Recuerdos que se perderán entre los escombros y el lodo.

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First images

Cientos de voluntarios caminando por las calles, todos en grupo, ordenados, siguiendo las instrucciones de los líderes. También se ve al ejército y a la policía. Dirigen el tránsito y dan aviso de la zonas por las que se puede pasar y por las que no. Hay poca gente en las calles y entre tiendas destruidas se ve alguna abierta al público.

A tour around the disaster area

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Me llama la atención una frutería. Su dueño, un hombre mayor, atiende a una señora que compra tres manzanas. Mientras le cobra, tras él pasan personas, tal vez voluntarios, con palas y cepillos para acabar de sacar el lodo de la tienda.

Few shops open at Tachimachi

Caminamos hasta un templo en lo alto de una pequeña montaña. Sabemos a lo que vamos aunque Kumiko, la líder del grupo, no nos lo dice; vamos a ver el puerto.

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Ni todas las fotos ni todos los videos me prepararon para ver lo que tengo frente a mi. El mirador del templo tiene un tori de piedra rodeado de flores frescas, ofrendas. Toda la cuesta está rodeada de cerezos en flor.

En el templo de la montaña

La vista es indescriptible. No quedan más que escombros, uno encima del otro y algunas de las estructuras más fuertes. El único movimiento que se percibe a lo lejos es el de los camiones de las Fuerzas de Autodefensa. Al fondo, el mar y los diques reducidos a nada.

La destrucción en el puerto

Somos un grupo grande de voluntarios pero nadie habla ante la vista. Algunos juntan sus manos y oran. Yo me quedo ahí, intentando entender. Cierro los ojos y pido por aquellas personas que no pudieron escapar de la furia del mar. El viento helado y la fuerte lluvia nos pegan de frente y hacen muy difícil seguir en el mirador por más tiempo.

Volvemos todos en silencio. Volteo a ver a mis compañeros de equipo pero no digo nada. Kumiko me pregunta qué estoy pensando, le contesto que pienso en todo y en nada. Pienso en la gente, en Japón, en mi. Intento imaginarme esos minutos previos a que llegara el tsunami. En ese momento en el que se detuvo la vida para miles.

Volvemos al campamento. Mi compañero John, un turista de Gales que decidió extender su estancia en Japón para venir al norte a ayudar, me ofrece un té con leche. Me meto a mi casa de campaña para acabar de desempacar y para cubrirme de la lluvia y el frío. Comida por un lado, ropa del otro, desodorante, crema, toallitas. Nueces, barras energéticas, mascarillas, guantes y ropa impermeable. Estoy lista para ser autosuficiente por una semana. Pienso en todas aquellas personas que están en los refugios y que no saben por cuanto tiempo estarán allí.

La gente que nos da la bienvenida en el campamento lo hace entre ganbatte! y eso es lo que vengo a hacer, dar lo mejor de mi para ayudar, aunque sea un poco. Nos dicen que para Golden Week esperan 1,000 voluntarios. Es una buena noticia pero temen que después de ese “pico” la gente se olvide y ya no haya suficientes voluntarios. El trabajo de recuperación tomará meses, incluso años y este no se acaba después de Golden Week o cuando los medios de comunicación dejan de hablar de ello.

The camp

Cerramos nuestro primer día cenando juntos en la casa de campaña designada como la cocina. Kumiko prepara sopa miso y arroz y cada quién aporta algo más de su comida. Mientras cenamos, sentimos nuestro primer terremoto en la zona. Es uno fuerte, pero nadie se asusta. Nos despedimos a eso de las nueve y cada quién corre a sus casas, a refugiarse de la lluvia que no nos deja. El viento es fuerte también, pienso que no podré dormir pero en el momento que cierro los ojos dentro de mi sleeping bag, entro en un sueño profundo y reparador, duermo como no lo he hecho en mes y medio.

~ by Saralú on May 6, 2011.

3 Responses to “La difícil decisión”

  1. conmovedor :.) , no tengo mas que decir.

  2. Preciosa la entrada Sara me ha conmovido aunque más que ninguna imagen he de decir que lo que más me ha llamado la atención es que llevases tantíiiiiiiiiismas maletas! Que bestia!

  3. N4n0:🙂

    Jaja Ro, qué risa. Al final dejé una backpack en casa🙂

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