Los mensajes. Quinto día en Ishinomaki

•June 6, 2011 • 11 Comments

6:30 am. Avena y café en “la cocina” con mis compañeros de equipo, después reunión general y ejercicios matutinos. El líder de Peace Boat comenta sobre la tienda de kimonos. Dice que el trabajo fue extraordinario y que el dueño está muy feliz y agradecido. La noticia ha corrido por Ishinomaki y la gente está muy contenta. Los equipos 42 y 43 nos sentimos muy satisfechos y recibimos un fuerte aplauso de parte de todos los voluntarios.

Volvemos al estacionamiento de la casa del día de ayer a terminar de poner en bolsas todo el lodo removido por la excavadora. Nos toma toda la mañana hacer ese trabajo.

Back to the house with the parking lot

Finishing the job

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En alguno de los descansos, leemos con cuidado todos los mensajes que hay en la entrada de la casa. El más antiguo es de la familia que vivía allí, dice que están todos bien y por ahora se han ido a Sendai. El segundo es una notificación del corte del suministro eléctrico hasta nuevo aviso. El tercer anuncio dice que las Fuerzas de Autodefensa han revisado la casa (la revisión consiste en búsqueda de cuerpos y revisión de las estructuras). El cuarto es nuevo, lo acabamos de pegar y dice: “Peace Boat International Team 543″ con mensajes y las firmas de cada uno de nosotros.

Leaving a message for the owners

Nos hace ilusión pensar que los dueños volveran pronto a su casa, econtrarán el estacionamiento libre de lodo y escombros, leerán nuestros mensajes y cuando entren a su casa en la cual quedo poco, encontrarán en una esquina los recuerdos que rescatamos del lodo y algunas fotos de momentos más felices. Espero que así sea.

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The memories

Terminamos  nuestro trabajo en la casa de los recuerdos. Tomamos algunas fotos del antes y el después y de las marcas que dejó el tsunami en la pared del edificio vecino.

Mud bagged

Tsunami marks

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De regreso a Ai Plaza me da tiempo de tomar algunas fotos más. Notamos que se han llevado muchos de los escombros que antes estaban en las calles,  aunque aún quedan montañas de bolsas con lodo, basura, etc.

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Rescuing  memories

The force of the water

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Tomo una foto de la tienda de kimonos que luce mucho mejor sin las montañas de muebles y mercancías que sacamos hace sólo un par de días. Los coches incrustados siguen allí.

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Esa tarde, compartimos el almuerzo con un grupo muy numeroso de estudiantes coreanos de alguna congregación católica. Están en Ishinomaki por una semana para ayudar a limpiar. Después volverán todos a Corea a iniciar sus clases de primavera. Son muy amables y están muy bien organizados.

Corean volunteers

Por la tarde nos asignan otro espacio para limpiar. Es un lugar pequeño con una capa gruesa de lodo con un fuerte olor a podrido por los pescados muertos que hay en él. Antes de que finalice la jornada terminamos casi todo pero nos falta una parte que haremos al día siguiente a primera hora.

New task, a stinky one

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Volvemos a la zona de lavado para limpiar las herramientas y nuestra ropa de trabajo. Es uno de los momentos favoritos del día. Nos lavamos la cara y las manos y nos quitamos todo el lodo de encima. Algunos voluntarios aprovechan para ponerse shampoo en el pelo y lavárselo. Yo no me atrevo, no quiero enfermarme, el agua está helada y sigue haciendo mucho frío. El agua para la limpieza es suministrada por Nippon Foundation. Tratan el agua del mar para uso corriente y aparte transportan  agua dulce para proveer a la comunidad. Por muchas semanas fueron la única fuente de agua potable para la gente de Ishinomaki.

Antes de llegar, pasamos por una calle paralela al río. La destrucción es increible, casa colapsadas, coches, escombros por todos lados. El nivel del agua en esa zona pudo haber alcanzado hasta los cinco metros. Fue en donde el mar se junto con el río devastando la parte de la ciudad que está alejada del puerto, la parte que ahora limpiamos.

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The force of the tsunami

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Antes de llegar a la zona de lavado nos encontramos con un sento temporal de las Fuerzas de Autodefensa. La gente de Ishinomaki llega en sus bicis con sus toallas al hombro para tomar un merecido baño. Para muchos es su única opción ya que hay muchos sitios en la ciudad en los que todavía no hay agua ni gas. El olor a jabón es delicioso, nos imaginamos un buen baño. Ya son muchos días sin bañarnos. Esa imagen nos alimenta las ganas de buscar el sento del que nos habló ayer la voluntaria californiana.

Military onsen

De camino al campamento, pasamos por vario sitios abiertos, restaurantes y comercios. Es una pequeña parte de la ciudad que se ha recuperado más rápido ya que el tsunami no fue tan devastador. Se ven escenas de la vida cotidiana más allá de limpiar y sacar lodo.

Decidimos ir a buscar el sento del campamento militar. Cuando llegamos nos dicen que ya está cerrado pero nos dan la localización exacta para que vayamos otro día. Decidimos ir en el coche de Jason a buscar algún restaurante de la zona que vimos en la tarde. Nos detenemos en uno de tonkatsu.

Están por cerrar así que nos apresuramos a pedir la comida; cada uno un set de tonkatsu y una gran cerveza. La cena nos sabe a gloria aunque nos sentimos un poco fuera de lugar depues de tantos días cenando juntos en una casa de campaña a la luz de nuestras linternas.

yummiii

La dueña, una mujer amable, sonriente y con mucha energía, nos cuenta que hace apenas una semana que reabrieron el restaurante. Les tomó un mes sacar el lodo y cambiar los tatamis y el papel tapiz que ahora nos enseña orgullosa. Nos dice que aunque el restaurante no estaba abierto, nunca dejaron de trabajar. Desde la primer semana después del terremoto y mientras limpiaban, ella preparaba obentos del delicioso tonkatsu que vendía junto con sus empleados afuera del local.

Estar en el restaurante nos da la sensación por un momento, de que no ha pasado nada. El mismo buen servicio de todos los lugares en Japón, la comida deliciosa, la cerveza bien fría. Pero observando detenidamente encuentro rastros de la tragedia, unas pequeñas manchas de lodo en las esquinas que son casi imperceptibles pero nosotros, que ahora somos ya expertos en el tema, nos damos cuenta enseguida. Al voltear a ver a los comensales, vemos que son grupos y familias como nosotros, en ropa de trabajo, el pelo enmarañado y el cansancio en su rostro, tomando un cerveza y disfrutando el momento,  intentando dar un sentido de normalidad a una jornada  de limpieza y reconstrucción.

Otsukare!

Pienso que hasta hace unos días este mismo local no se diferenciaba mucho de todos aquellos que hemos ayudado a limpiar. Me vuelvo a impresionar de la fuerza de la gente de Ishinomaki y de la determinación por recuperar su vida, de sacar lo mejor de la situación. Hacemos un brindis por el equipo, por la cena y por la oportunidad de conocer a gente tan admirable.

Pray for Ishinomaki

“Pray for Ishinomaki”,  Learn from Ishinomaki

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El lodo de los recuerdos. Cuarto día en Ishinomaki

•May 27, 2011 • 5 Comments

Amanece con un sol radiante que hace menos duro el frío mañanero. Desayunamos avena enriquecida con manzanas, plátanos, nueces y un poquito de leche de soya que aporta Matt. Después de la reunión diaria y los ejercicios matutinos, que han mostrado ser muy efectivos para evitar los dolores musculares post-trabajo, volvemos a nuestro campamento a prepararnos para un día más de trabajo.

Almost ready

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Ready to excercise

Leader's leader

Antes de partir al centro de la ciudad, mando los tres mensajes diarios en los que doy señales de vida, uno a mi familia y los otros dos a mis queridos amigos Armando y Héctor en Tokio. A eso se reduce mi contacto con el mundo exterior. Aprovechando el sol, dejo afuera mi cargador solar esperando que a mi regreso pueda cargar un poco la batería del teléfono.

De camino a la ciudad, el conductor de la camioneta toma el camino que pasa por la zona en la que el gobierno está poniendo todos los escombros y cosas inservibles. Es una montaña inmensa que hace que las grúas y los camiones que trabajan en ellas se vean pequeñitos. También vemos de nuevo el campamento de las Fuerzas de Autodefensa y más adelante el de los militares estadounidenses.

Group transportation

IMG_3756

Después de la reglamentaria preparación en Ai Plaza, el líder nos lleva al lugar de nuestra nueva tarea, un bar filipino. Armados con nuestro equipo de trabajo, caminamos por calles por las que no habíamos pasado antes. La sensación es sobrecogedora, a los lados no hay más que lugares destruidos,  escombros, bolsas con lodo y gente limpiando sus tiendas.

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El panorama fuera del bar no es mejor. Una montaña de unos dos metros de escombros forma una barrera alrededor de la zona.

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El bar que limpiaremos hoy se llama Manila. El dueño nos enseña el sitio y nos explica que él y su esposa han quitado el lodo del piso pero todo lo demás sigue tal cual lo dejó el tsunami. Habrá que sacar  los muebles, y limpiar a profundidad el lodo que está por todos lados, incluso en las paredes y la barra.

Manila bar

With the owner

Manila bar's kitchen

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El dueño nos dice que el agua llegó a los dos metros, arriba de la puerta de entrada. Acaba su frase con un kowai. No nos atrevemos a preguntarle dónde estaba cuando llegó el tsunami. Aunque sabemos que él y su esposa están bien, no sabemos si perdió a algún familiar, a sus hijos o a algún ser querido.

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Empezamos a sacar todos los muebles, vasos, utencilios, etc. Lo difícil es empezar a sacar las cosas que están detrás de la barra y en la cocina. El olor es nauseabundo, una mezcla de cosas echadas a perder con la pestilencia del agua estancada. Lodo negro con una consistencia poco agradable lo cubre todo. Encontramos cosas que son rescatables, sobre todo vasos y tarros de cerveza. Los ponemos a un lado y el dueño se los lleva a su casa. También sacamos algunas cervezas intactas del refrigerador y una caja de plástico cerrada herméticamente con trapos, libretas y algunos vasos. Todo lo demás es basura.

Nos toma un par de horas terminar de sacar todo; la estufa, el lavaplatos, dos refrigeradores, el sistema de sonido del karaoke y el de la cerveza de barril. Finalmente limpiamos con agua todo el bar dejándolo lo más  limpio que podemos y completamente vacio.

After cleaning!

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Kitchen is gone

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El dueño viene con su esposa a ver el resultado. Ella es la gerente del bar. Nos agradece  el trabajo que hicimos y nos dice que ella sola nunca hubiera podido dejar el bar tan limpio. Mientras llora abiertamente, hace muchas reverencias y luego va y viene observando el lugar. Le pedimos una foto a lo que accede emocionada y nos pide que volvamos en el futuro para disfrutar de una buena nama biru.

With the owners

Volvemos a Ai Plaza para esperar nuestra siguiente misión. Por la calles de nuevo observo la actividad generalizada de limpieza en los sitios por los que pasamos.

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Tachimachi streets

En Ai Plaza tomamos el lunch que consiste en los dos onigiris que preparamos la noche anterior, fruta seca, nueces y muchos chocolates.  Por la tarde nos asignan el estacionamiento de una casa. De camino a nuestra nueva tarea, pasamos por calles llenas de voluntarios y gente limpiando.

Other Peace Boat teams

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La capa de lodo en el estacionamiento es muy gruesa y está endurecida así que en esta ocasión un voluntario que desde Yokohama trajo su excavadora, nos ayuda con el trabajo duro de remover el lodo para que luego nosotros lo pongamos en bolsas.

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Mientras tanto, nosotros recogemos  escombros  para ponerlos en la vía pública y que los camiones y las grúas del gobierno puedan trasportarlos a la gran montaña de basura en las afueras de la ciudad.

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En la casa de atrás hay cuatro coches destrozados y casi un metro de escombro acumulado.

Neighbors entrance

Por como quedó todo, es fácil darse cuenta que el tsunami llegó por atrás de la casa que estamos limpiando, sacando por la ventana todo lo que había adentro. Mientras recogíamos el lodo que estaba afuera de esa ventana empezamos a encontrar figuras, piedras, cerámica. Al poco tiempo nos dimos cuenta que había muchas cosas que rescatar de entre el lodo. En su mayoría eran figuras pequeñitas que no se habían roto. Nos dedicamos toda la tarde a sacar esos recuerdos antes de meter el lodo fresco en las bolsas.

Mientras buscábamos esos “recuerdos”, empezamos a imaginarnos cómo es la familia. Ellos ahora están en Sendai y, según un letrero pegado en su puerta, todos están bien. Seguramente es una familia que le gusta viajar mucho porque nos encontrarmos figuras de los guerreros de terracota, gallos de madera de estilo francés, pesetas españolas, cerámica china y del sudeste asiático. También rescatamos muchas piedras, cuarzos y motivos budistas por lo que nos imaginamos a una familia espiritual.

Encontramos botellas de gin y de vino tinto y rescatamos unas cuantas fotografías. Todo eso lo reunimos en una bolsa y lo dejamos dentro de la casa esperando que cuando los dueños vuelvan, se lleven una pequeña sorpresa al ver que algunas de las cosas que daban por perdidas fueron recuperadas del lodo. Mañana volveremos a este sitio a poner en bolsas el lodo que han removido con la excavadora.

Trying to rescue personal things

Camino a la zona de limpieza, pasamos por la frutería que tanto me llamó la atención el primer día. Arif se detiene para ver si puede comprar espinacas para cocinar un platillo típico de Pakistán. No encuentra suficientes por lo que le dice al dueño que volverá mañana. Antes de eso, le preguntamos si tiene suficientes alimentos para vender ya que no queremos comprar cosas que a lo mejor alguien las necesita más que nosotros. Nos dice que no hay problema, que desde hace un par de días los canales de distribución se han reestablecido casi por completo y que todas las mañanas recibe todo tipo de comida y alimentos frescos, así que nos invita a venir  de compras a su tienda cuando queramos.

The Fruit store

Shower time

Volvemos al campamento. Un grupo de voluntarios japoneses llegan con ollas llenas de sopa  con mochi para regalar a los voluntarios del campamento. Mientras hago fila, conozco a una enfermera californiana que lleva tres semanas en Japón, todas ellas en ese campamento. Me cuenta que originalmente su grupo de voluntarias era de veinte pero que con la crisis en la planta nuclear, ya nadie quiso venir y ahora el grupo es solo de tres personas. Es una mujer muy pequeñita, más pequeña que yo, de unos 50 años con una mirada muy fuerte pero amigable. Nos cuenta emocionada que hoy descubrió un sento en el campamento de los militares y que pudo bañarse después de tres semanas de estar en Ishinomaki. Comparte con nosotros las  indicaciones y nos dice que vayamos. Nos presenta a su amiga, las dos son psicólogas especialistas en tratar gente con shock post traumático. Dice que encuentra la situación muy mal, que la gente en los refugios está muy deprimida por haber perdido a sus seres queridos y todo lo que tenían y angustiada porque no saben cuando mejorará su situación.

La enfermera me causa una gran impresión. Al final, con una sonrisa me pregunta de dónde soy. Cuando sabe que soy de México, me dice que ella estuvo haciendo ese mismo trabajo cuando el terremoto de 1985. Le agradezco por haber ayudado a mi país en esos momentos tan difíciles y ella me responde que  ahora con mi  ayuda aquí, estoy retribuyendo su labor de hace 25 años en México “you are paying it forward”.

Volvemos a la “cocina” y el equipo cena junto. El cansancio nos pega de golpe a todos mientras nos damos cuenta que estamos justo a la mitad de nuestra estancia en Ishinomaki. Todos comentamos que hoy al pasar por la tienda de kimonos, vimos que ya se habían llevado todo el escombro que sacamos el día anterior.

Solar charge

Me voy a mi casa de campaña a probar el cargador solar que resulta ser más efectivo de lo que pensé. Oscurece pronto por lo que leo un rato más y luego me meto a mi sleeping bag. No son ni las 9 de la noche pero los ojos se me cierran. Me tardo poco en conciliar el sueño mientras pienso en la dueña del bar, la enfermera de California y en los recuerdos recuperados del lodo.

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La tienda de kimonos. Tercer día en Ishinomaki

•May 11, 2011 • 4 Comments

25/04/2011 11 p.m. Esta mañana comenzó con la ya tradicional avena con frutas de Jason y los ejercicios de radio taiso a las 7:30. El sistema de transporte de los voluntarios del campamento a la ciudad es ahora por medio de coches conducidos por sus propios dueños. El chico que nos llevó el día de hoy viene de Tokio. Su tarea por las mañanas y las tardes  es llevar  a los equipos de limpieza a la ciudad y a la Universidad Senshu donde está el campamento.  Durante el día es parte de los equipos de delivery que se encargan de acomodar las donaciones, comida y productos para después llevarlos a las personas en los refugios.

Second day

Llegamos a Ai Plaza para armarnos con nuestras herramientas. De nuevo palas, bolsas, carretillas y picos. La tienda de kimonos está justo en la esquina. Trabajaremos otra vez con los chicos del equipo 42. Uno de los líderes de Peace Boat nos lleva hasta el lugar y nos presenta con el señor Soma, el dueño de la tienda. Es la primera vez que alguien entrará a esa parte del edificio. Nos informan que debemos quitar el lodo y tirar todo lo que esté mojado; muebles y mercancía, principalmente ropa.

Leader's leader and owner briefing

La primera tarea es abrirnos paso quitando la cortina que cubre la entrada. Está oxidada y tiene un coche incrustado que no podemos mover, ese se lo llevará el municipio otro día. Después de algunos minutos mis compañeros logran abrir la puerta y podemos entrar.

Trying to get inside for the first time

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Adentro nos recibe un olor intenso a agua estancada nada agradable. Está oscuro y húmedo. El lodo en el piso es negro, muy diferente al del estacionamiento de ayer, y al fondo tiene unos 4 centímetros de grosor por lo que es muy difícil caminar sobre él. Casi no veo nada por la poca luz que hay y porque la humedad empaña mis lentes.

Kimono shop: before

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Una parte del grupo comenzó enseguida a sacar todos los muebles a la calle. Empezábamos a formar la montaña de escombros fuera de la propiedad para que los camiones y las gruas del gobierno los recogieran después. Algunos de nosotros intentamos abrir un camino entre el lodo con palas. Inmediatamente nos percatamos de lo difícil de la tarea. Entre el grueso lodo negro y el agua, el piso estaba tapizado de mercancia, ropa interior, kimonos, cobijas, calcetines, obis, rollos de tela, todo completamente mojado e  inservible. La instrucción era tirar todo pero, sin ponernos de acuerdo, cada quién empezó a apartar las cosas que no estaban tan mojadas o manchadas. De alguna forma nos aferrábamos a salvar lo insalvable. Después de un rato nos dimos cuenta que era inutil y que por más que quisiéramos, no ibamos a rescatar mucho ese día.

Kimono shop: before

El señor Soma que iba y venía trabajando con nosotros, se percató de nuestra angustia. Nos dijo que tiráramos todo pero que si había algo que nos gustara o que sirviera para los voluntarios que nos lo lleváramos. Ahí estábamos, los voluntarios siendo reconfortados por el dueño de la tienda.

La tienda está en una esquina, así que el golpe del tsunami fue mayor, entró agua por todos lados. La casa del dueño está justo detrás de la tienda. Tampoco quedó mucho en pie. La estructura se ve muy dañada.

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Un poco antes del almuerzo acabamos de sacar todos los muebles grandes pero avanzamos poco con el lodo. Entre lo denso, el olor y la cantidad de mercancía entre él, la tarea de meterlo en bolsas era complicada. Nos damos cuenta que aparte, el lodo está lleno de vidrios rotos, por lo que tenemos que ser muy cuidadosos de como tratarlo. En lugar de meterlo directamente de la pala a la bolsa, tenemos que removerlo, separar la mercancía, luego los vidrios y hasta entonces ponerlo en las bolsas.

Almorazamos en Ai Plaza. Volvemos a la tienda a terminar de sacar el lodo. Al fondo hay un tatami en alto en donde hay cosas que no están mojadas. A un lado, hay un mostrador caído lleno de obis y telas. El dueño nos dice que le dejemos eso a él ya que le da la impresión de que se pueden salvar cosas. Terminamos finalmente de sacar el lodo y decidimos ayudarle con esa última tarea ya que el mostrador se ve pesado.

Kimono shop: after

Kimono shop: after

Nos quitamos los guantes llenos de lodo para no manchar lo rescatable. Movemos el primer rollo de tela y nos damos cuenta que el mueble está lleno de agua, no rescataremos nada de allí. Se hace un silencio. Le digo al dueño que tal vez si limpiamos algunas cosas… Se queda pensando, empieza a buscar entre las telas y los obis, saca uno, lo deja, saca otro. Elije finalmente un obi morado, no está muy mojado pero está manchando con lodo seco y marcas de agua. Lo sacude, lo dobla y me lo regala. Me sonríe, no veo su cara, sólo sus ojos, y acto seguido nos dice: todo esto es basura. Así, perdemos la última esperanza de salvar algo más de esa parte de la tienda aparte del obi morado.

My gift from Mr. Soma

De algún otro lugar saca un rollo de tela en perfectas condiciones para hacer tenugui. A John le regala varios metros que luego convertimos en tenuguis personales. A Matt le regala calcetines de los que se llevan con la hakama.

Antes de irnos nos damos cuenta de las marcas del tsunami dentro de la tienda. Hay un espejo que sobrevivió al impacto y que marca claramente hasta dónde llegó el agua en el interior. Las marca más alta me rebasa. Nos cuesta trabajo imaginar lo que debió ser para el señor Soma estar allí.

Tsunami traces

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Kimono shop: outside

Kimono shop: after

Llega la hora de despedirnos. Nos agradece nuestro trabajo. Nos dice que sin nuestra ayuda, lo que hicimos en un solo día a él solo le hubiera tomado un año completo. Le damos las gracias por sus palabras, todos sonreímos destrás de nuestras mascarillas. Nos dice que el trabajo de ese día le ha dado esperanzas y con mucha emoción se compromete a que en tres años su tienda estará abierta y funcionando completamente. No sé de dónde saco yo el impulso y le digo; pues aquí estaremos para verlo. Kenta traduce lo que digo, el Sr. Soma se quita la mascarilla y me dice en inglés “You promise?” a lo que contesto, “I promise” y chocamos las manos. Es un compromiso, volveré a la tienda del señor Soma en tres años.

With Mr. Soma

Nunca olvidaré al señor Soma, su fuerza y determinación. Desde el 11 de marzo su vida como la conocía dejó de existir. Es de los afortunados porque él y su familia están bien, pero tendrán que esperar un año tal vez do para que puedan volver a su casa y reabrir su tienda ya que todo el edificio será demolido. Tendrá que trabajar muy duro para recuperar su negocio familiar de más de 120 años e intentar darle a su familia un sentido de normalidad. Y ahí estaba, dándonos lecciones de fortaleza.

Volvemos al campamento muertos de cansancio y con el olor del lodo negro impregando en la ropa y la piel no obstante que limpiamos todo con mangueras a presión, no sólo el equipo sino nuestra propia ropa impermeable.

Shower time!

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IMG_3722

Cenamos muy temprano, esta vez sopa y arroz de otro grupo que vino al campamento a regalar comida caliente a los voluntarios.

Our host

Back home!

Estamos en la hora del té cuando Kumiko recibe una llamada con una muy agradable sorpresa. Es el señor Soma que vino hasta el campamento a traernos cerveza, snacks y whisky como muestra de agradecimiento. Invitamos a parte del otro equipo que también recibió regalos del dueño de la tienda de kimonos. Acabamos la noche refugiándonos del frío en “la cocina” bebiendo y haciendo el recuento de este día tan especial para todos nosotros por haber conocido al señor Soma.

The kitchen

Two teams at the kitchen

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El estacionamiento. Segundo día en Ishinomaki

•May 9, 2011 • 4 Comments

24/04/2011 9 p.m. ¡Por fin dejó de llover! Iniciamos el día con un rico plato de avena que preparó Jason para todos. Después, la reunión general a las 7:30 a.m. en la que nos explican un poco más sobre las tareas que haremos cada día. Los tres grupos internacionales son los 41, 42 y 43, nosotros somos el número 43. Después del briefing viene lo divertido: radio taiso. Nos tomó a todos por sorpresa y cuando inició la tradicional música y la  inconfundible voz dando las instrucciones todos nos moríamos de risa, en particular los extranjeros.

New day at base camp

Antes de ir a Tachimachi, el centro de Ishinomaki, volvimos a nuestras casas de campaña para preparar la ropa impermeable, mascarillas, botas, linterna, agua, guantes, snacks para el almuerzo y dos onigiris  que preparó Arif la noche anterior para cada uno; de ume y el otro de tuna mayo.

My boots

Our "private" camp

Mi tent

Junto con el grupo de voluntarios de la organización de AP Bank, nos llevan en autobuses hasta Ai Plaza. Llegando allí nos asignan, junto con el equipo 42,  un estacionamiento frente a un cementerio muy bonito.

Before

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Empezamos recogiendo todos los objetos que hay entre el lodo, metiéndolos en bolsas. Hay de todo, platos, vasos, zapatos, ropa, juguetes, billetes, documentos, comida. Lo que consideramos valioso y los documentos personales los apartamos para devolverlo a líderes de Peace Boat quienes a su vez lo entregaran al gobierno local. Después sacamos los escombros más grandes, muebles, llantas, pedazos de metal. Por último, usamos las palas para meter el lodo en sacos blancos. Nos lleva un par de horas qitar la gruesa capa de lodo.

Half way through

Break

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IMG_3688

Volvemos a Ai Plaza para comer. Nos esperan otros voluntarios con comida caliente, sopa, un guisado de pescado y un plátano. Los onigiris tendran que esperar. Volvemos al estacionamiento, esta vez con galones de agua y cepillos para limpiarlo. Nos toma toda la tarde dejarlo limpio. El olor del lodo es muy fuerte, y se percibe en toda la ciudad. Pero curiosamente una vez que lo quitamos y limpiamos con agua, el estacionamiento despide un agradable olor a arena y a mar.

Done!

Caminamos de vuelta a Ai Plaza. Mientras recorremos las calles, observo que la única actividad en ese barrio es la de limpiar, sacar escombros y lodo, intentar recuperar lo poco que no se dañó.

Back home

Volvemos al campamento agotados y nos recibe la noticia de que unos voluntarios pakistaníes están dando curry en el campamento. Inmediatamente recuerdo una nota que leí en la prensa japonesa: Son algunos de los miembros de la comunidad musulmana de la Prefectura de Aichi que días después del terremoto tomaron sus camiones y sus ingredientes y vinieron a Tohoku para dar comidas y cenas calientes a los refugiados. Para muchos, fue su primera comida caliente y con proteinas en mucho tiempo. Ahora estaban aquí, en el campamento de voluntarios dándonos de cenar. El curry está delicioso y es una muy buena sorpresa para todos.

Mi compañero Arif nos comenta que el hizo lo mismo hace un mes en Iwate con miembros de su comunidad en Tokio.

The Pakistani volunteers

Yumi

En pocos minutos la fila para el curry es enorme. Nosotros nos sentamos a un lado de la fila para cenar con el otro grupo de extranjeros. A ellos les tocó limpiar un izakaya. Les tomó todo el día sacar el lodo y los muebles inservibles así que mañana volverán a acabar de limpiar. El líder del grupo 42, con quienes trabajamos hoy, nos informa que mañana volveremos a trabajar juntos y que nuestra misión será limpiar una tienda de kimonos.

Por la noche no hacemos mucho más, tomamos té en “la cocina” mientras conversamos y muy temprano nos despedimos para irnos a dormir. Mientras escribo estas líneas dentro de mi casa de campaña, reflexiono sobre lo que significa estar aquí. Son muchas cosas, muchos sentimientos al mismo tiempo que no sé cómo procesar. Me impresiona lo rápido que me he acostumbrado a ver escombros y al olor de la ciudad. No obstante, el ver los objetos personales apilados afuera de las casas o entre el lodo, inevitablemente me hace reflexionar sobre sus dueños. No puedo evitar preguntarme lo que habrá sido de ellos. Recuerdo a toda esa gente que nos encontramos por las calles y que con una sonrisa nos dice un “otsukaresama” o con una inclinación de cabeza nos dice “arigato gosaimasu”. Entre los voluntarios el saludo es un gambate por la mañana y un otsukaresama por la tarde. Todos sonrientes, todos con muchas ganas de ayudar. Es es el común denominador de todos los que estamos aquí.

A falta de poder comunicarme con la gente de Ishinomaki con el idioma, les ofrezco mis manos y mi entusiasmo para de alguna manera asegurarles que no están solos.

Mudbusters!

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La difícil decisión

•May 6, 2011 • 3 Comments

Cerré la última mochila y me puse mis botas. Bajé a tomar un taxi para poder llevar todo mi equipaje hasta el punto de reunión en el parque Chuo de Shinjuku. Me tardé casi cuatro horas empacando, asegurándome de que no se me olvidara nada pero sin llevar demasiado.

Packing everything

La gente de Peace Boat nos lo había dejado muy claro: uno, había espacio limitado para lo que cada voluntario podía llevar y dos, en Ishinomaki debíamos ser completamente autosuficientes para no consumir lo poco que hay para la gente de allí. Asegurarnos de llevar suficiente agua y comida para nuestro consumo era un prioridad. De electricidad ni hablamos, así que baterías de sobra en la mochila. Aunque todas las operadoras de teléfonos móviles funcionan allá, los celulares los usaríamos sólo para emergencias.

Ready to leave

Mientras el taxi avanzaba con dirección a Shinjuku entre las calles medio iluminadas de Tokio, las reflexiones se agolpaban en mi cabeza. Era el primer día en mes y medio en el que no había ido  a la oficina, en el que no pensaba en bequereles, niveles de radiación, informes, circulares, llamadas telefónicas, reuniones, briefings, etc. La difícil decisión no había sido la de ayudar en el norte de Japón de una forma sustantiva haciéndome presente, eso lo tenía muy claro desde hace varias semanas. La decisión complicada había sido hacer una pausa en el interminable trabajo del que soy responsable y el cual me apasiona y tomar un respiro alejada de Tokio para hacer algo de lo que no sabía si tendría la capacidad para hacerlo.

Estábamos hablando de trabajo físico duro, de vivir durante una semana en un campamento siendo completamente autosuficiente, de vivir y convivir en una de las zonas más afectadas por el terremoto y tsunami del 11 de marzo dónde un alto porcentaje de la población había fallecido, se encontraba desaparecida o era damnificada. Después del desgaste mental y emocional del último mes, ¿sería capaz de enfrentar este nuevo reto con la suficiente entereza? Todo en mí había cambiado, mis prioridades, mi visión de la vida. Dentro de mí sabía que no iba a estar tranquila tomando unos días libres, muy necesarios para entonces, sin pensar en toda esa gente que lo perdió todo. Lo sentía como un compromiso personal.

Así que allí estaba después de mucho darle vueltas y de prepararme lo mejor que pude, una noche de viernes camino a encontrarme con gente que había conocido brevemente tan sólo el fin de semana anterior en la reunión de orientación de Peace Boat. Para esta semana éramos 200 voluntarios con esa organización, de los cuales sólo 24 éramos extranjeros divididos en tres grupos. Por siete noches, dormiríamos en las inmediaciones de la Universidad Senshu, que albergaba a más de cien diferentes organizaciones de voluntarios.

Meeting point

Acomodamos nuestro equipaje en el autobús y en el coche de Jason, uno de mis compañeros de equipo que había tenido la amabilidad de poner a nuestra disposición su coche para llevar el agua suficiente para todo el equipo y parte de nuestro equipaje. La posibilidad de llevar cosas adicionales en su coche, la compañía de todos mis compañeros y la buena organización de mi equipo, hizo que la estancia en el campamento fuera una muy placentera e inolvidable.

El ambiente entre los voluntarios era amigable pero se sentía algo expectante e incluso tenso. Era normal, aunque nos habían explicado la situación varias veces, todos habíamos visto la destrucción en las noticias, fotos y los videos por lo que el sentimiento común era el de estar en camino a lo desconocido sin saber bien a bien lo que nos esperaba. Debíamos ser cuidadosos con lo que decíamos, con nuestros actos para no ofender a la gente de Ishinomaki. Por nuestras cabezas pasaba también el temor a réplicas fuertes y porque no, a otro tsunami y a los múltiples peligros en una zona de desastre. La Universidad estaba muy alejada de la costa pero aún así, eran las cosas que nos preocupaban a todos.

First stop

En las múltiples paradas de los autobuses, me pude percatar de que casi todo el tránsito hacia el norte se componía de coches, autobuses y camiones con letreros haciendo referencia a las tareas de reconstrucción y ayuda ante la emergencia en Tohoku. El común denominador eran las botas y la ropa de trabajo, ropa de frío y linternas. Todos estábamos preparados para ayudar, organizaciones, voluntarios, empresas y particulares.

Peace Boat Tohoku Earthquake Emergency Relief

A las 8 de la mañana en medio de una tormenta, llegamos a la Universidad Senshu. Después de darnos todas las indicaciones necesarias bajamos nuestras cosas y nos instalamos en una de las zonas más resguardadas de la universidad, a un lado de las canchas de tenis. Nos enteremos que sólo unos días antes, el fuerte viento y la nieve habían colapsado varias tiendas de campaña dejando a algunos voluntarios sin cobijo. Corrimos con suerte de encontrar esa zona disponible.

Setting the camp at Seshu University

Una vez instalado el campamento, los líderes nos informaron que la reunión general y el trabajo de ese día se cancelaban por la lluvia. La única actividad sería ir a Tachimachi en el centro de Ishinomaki dónde trabajaríamos los próximos días, para recorrer la zona y conocer el “centro de mando” Ai Plaza. Mis impresiones sobre esa primer visita las describí en las anotaciones que hice ese día y mismas que transcribo a continuación. En entradas posteriores, seguiré citando lo que escribí en esos días.

23/04/2011 6 pm. Escribo en el interior de mi casa de campaña bajo una tormenta que parece que nunca terminará. Hoy nos llevaron al centro de la ciudad de Ishinomaki, Tachimachi, después de levantar el campamento que nos acogerá por siete noches en la Universidad de Senshu y a donde volveremos exhaustos cada día después de sacar lodo de las casas y las tiendas que no fueron arrasadas por la fuerza devastadora del tsunami.

Team 43

Recorrimos durante una hora algunas calles, vimos escombros y casas a medio caer. Lodo por todos lados, por las paredes, dentro y fuera de los edificios. Miles de objetos personales apilados en la calle, inservibles, esperando a que las palas mecánicas vengan por ellos. Recuerdos que se perderán entre los escombros y el lodo.

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First images

Cientos de voluntarios caminando por las calles, todos en grupo, ordenados, siguiendo las instrucciones de los líderes. También se ve al ejército y a la policía. Dirigen el tránsito y dan aviso de la zonas por las que se puede pasar y por las que no. Hay poca gente en las calles y entre tiendas destruidas se ve alguna abierta al público.

A tour around the disaster area

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Me llama la atención una frutería. Su dueño, un hombre mayor, atiende a una señora que compra tres manzanas. Mientras le cobra, tras él pasan personas, tal vez voluntarios, con palas y cepillos para acabar de sacar el lodo de la tienda.

Few shops open at Tachimachi

Caminamos hasta un templo en lo alto de una pequeña montaña. Sabemos a lo que vamos aunque Kumiko, la líder del grupo, no nos lo dice; vamos a ver el puerto.

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Ni todas las fotos ni todos los videos me prepararon para ver lo que tengo frente a mi. El mirador del templo tiene un tori de piedra rodeado de flores frescas, ofrendas. Toda la cuesta está rodeada de cerezos en flor.

En el templo de la montaña

La vista es indescriptible. No quedan más que escombros, uno encima del otro y algunas de las estructuras más fuertes. El único movimiento que se percibe a lo lejos es el de los camiones de las Fuerzas de Autodefensa. Al fondo, el mar y los diques reducidos a nada.

La destrucción en el puerto

Somos un grupo grande de voluntarios pero nadie habla ante la vista. Algunos juntan sus manos y oran. Yo me quedo ahí, intentando entender. Cierro los ojos y pido por aquellas personas que no pudieron escapar de la furia del mar. El viento helado y la fuerte lluvia nos pegan de frente y hacen muy difícil seguir en el mirador por más tiempo.

Volvemos todos en silencio. Volteo a ver a mis compañeros de equipo pero no digo nada. Kumiko me pregunta qué estoy pensando, le contesto que pienso en todo y en nada. Pienso en la gente, en Japón, en mi. Intento imaginarme esos minutos previos a que llegara el tsunami. En ese momento en el que se detuvo la vida para miles.

Volvemos al campamento. Mi compañero John, un turista de Gales que decidió extender su estancia en Japón para venir al norte a ayudar, me ofrece un té con leche. Me meto a mi casa de campaña para acabar de desempacar y para cubrirme de la lluvia y el frío. Comida por un lado, ropa del otro, desodorante, crema, toallitas. Nueces, barras energéticas, mascarillas, guantes y ropa impermeable. Estoy lista para ser autosuficiente por una semana. Pienso en todas aquellas personas que están en los refugios y que no saben por cuanto tiempo estarán allí.

La gente que nos da la bienvenida en el campamento lo hace entre ganbatte! y eso es lo que vengo a hacer, dar lo mejor de mi para ayudar, aunque sea un poco. Nos dicen que para Golden Week esperan 1,000 voluntarios. Es una buena noticia pero temen que después de ese “pico” la gente se olvide y ya no haya suficientes voluntarios. El trabajo de recuperación tomará meses, incluso años y este no se acaba después de Golden Week o cuando los medios de comunicación dejan de hablar de ello.

The camp

Cerramos nuestro primer día cenando juntos en la casa de campaña designada como la cocina. Kumiko prepara sopa miso y arroz y cada quién aporta algo más de su comida. Mientras cenamos, sentimos nuestro primer terremoto en la zona. Es uno fuerte, pero nadie se asusta. Nos despedimos a eso de las nueve y cada quién corre a sus casas, a refugiarse de la lluvia que no nos deja. El viento es fuerte también, pienso que no podré dormir pero en el momento que cierro los ojos dentro de mi sleeping bag, entro en un sueño profundo y reparador, duermo como no lo he hecho en mes y medio.

Ya se nos fue

•December 16, 2010 • 8 Comments

Adiós al 2010, se acabó, se fue. Quedan unos pocos días para terminar un año un tanto… diferente.

Recuerdo el post que escribí a principios de año. Decía que veía mi reflejo desenfocado igual que algunas de mis fotos que más me gustan. El año tuvo esa constante, el desenfoque, esa falta de claridad que aunque rara y a veces molesta, al final hace interesantes las cosas.

2010 lo acabo con un gracias. Agradezco tantas cosas que ocurrieron, las buenas y las malas. Hubo momentos tristes y otros muy felices.  Tuve los sentimientos a flor de piel, lo viví intensamente. Me reí hasta las lágrimas en innumerables ocasiones, también lloré hasta quedarme dormida más de una vez. Me enamoré, me desenamoré, tuve desencuentros con hermosas reconciliaciones. Fui peregrina, vampiresa, buceadora, trotamundos, madrina, citadina, pueblerina, bailarina. Encontré por fin el confort de la rutina pero más de una vez  huí de ella.

Intenté seguir el espíritu de esta canción; do one thing every day that scares you. Viajé sola por primera vez y descubrí que soy buena compañera de aventuras. Fui infinitamente feliz caminando y tomando fotos entre edificios derruidos de Yangón o andando en bici por las calles de Beijing. Realicé proyectos exitosos y aunque lo dudé, propuse ideas que funcionaron. Fui incapaz de escapar del estrés y más de una vez el agobio me venció.

Sonreí cuando me encontré con los primeros pétalos de los cerezos pero me invadió la nostalgia y de pronto quise estar con alguien. Me sentí en casa y a la vez, más extranjera que nunca.

Tuve reencuentros muy afortunados. Cerré círculos que llevaban muchos años abiertos. Confesé mis sentimientos y algunos de mis secretos. Me sentí sola y también me sentí más acompañada que nunca. Soñé despierta, bailé dormida, comí, bebí, disfruté. Extrañé a mi familia, quise estar más cerca de todos. Dejé muchos planes pendientes, realicé otros que tenía en el tintero.

Me maravillé de la gente, de la inteligencia de mis amigos, me conmoví hasta las lágrimas al recordar las injusticias de las que es objeto tanta gente buena, me dolió México. Me alegré por los éxitos de mi padre, aprendí un poco más del hermoso ser que es mi madre, acudí a mi hermana tantas veces.  Pude compartir la felicidad de mis amigos, sufrí también sus tristezas.

Experimenté cambios profundos aunque todo siga igual. Viví y sobreviví el 2010, año que se merece ser recordado con una sonrisa.

De 2011 luego hablamos…

La foto fue tomada no se por quién en Koyasan cuando la hicimos de peregrinos y festejamos mi cumpleaños en lo alto de la montaña sagrada.

Edit: Ya sé quién tomó la foto, fue mi querido Héctor usando mi S90 que, by the way, compré gracias a su recomendación. Aprovecho para decirle: Gracias por hacer de este, un año muy especial. Gracias por tu amistad :)

Escribir y escribir

•December 9, 2010 • 2 Comments

Ryokan outfit

O de como uno planea cosas pero, ya que se puedan hacer, es otra historia. El mes pasado era el mes en el que escribiría mi novela, 50,000 palabras en 30 días. Así, muy formal la comencé el 1 de noviembre con un cierto avance. Seguí escribiendo esa semana hasta llegar a las 2,000 palabras y de ahí, no pasé. Cómo siempre me ocurre, hice planes convencida de que los realizaría para que luego el universo, o lo que sea, me los cambiara: -“Ah, ¿quieres escribir? pues vas a escribir, ya verás.”

Y así fue, las circunstancias de la vida hicieron que desde la segunda semana de noviembre no haya parado de escribir, con la diferencia de que he escrito justo lo que no tenía planeado quedándome sin tiempo para mi plan original. Informes, balances, cierre de proyectos, propuestas de proyectos, ensayos, discursos, prólogos y hasta trabajos finales, sí, como en el universidad.  Desde noviembre no he hecho otra cosa más que escribir.

Así pues, el balance de mi proyecto de escritura en noviembre queda como sigue: Por supuesto que no escribí las 50,000 palabras que me propuse ni produje literatura de ficción (aunque algunos de mis textos a veces lo parezcan). Sin embargo, vaya que escribí, sobre lo que hice este año, lo que quiero hacer el próximo, escribí propuestas de trabajo -que para mi sorpresa, fueron muy bien recibidas-. También escribí muchos correos, unos formales otros no tantos, muchos más de los que normalmente escribo.

Y hoy ¿qué hago? Escribo de nuevo en este blog sólo para evitar enfrentarme con el documento de word que tengo abierto en otra venta en el cual debo poner todo lo que me hace maravillosa en mi trabajo y lo fundamental que es para la institución contar conmigo (les ruego que noten el sarcasmo en la frase). Por supuesto, tampoco planee tener que escribir eso. Por tanto, mi cerebro trabaja a tope, mientras tecleo estas palabras, pensando en qué otro personaje puedo incluir en mi novela que no escribí y así completar las 48,000 que no plasmé en papel, aunque ya no sea noviembre.

¿La foto? Tomada con la aplicación Hipstamatic del iPhone en un ryokan espectacular . De todos los outfits que puedo usar en Japón, la yukata en un ryokan con onsen natural y con buena compañía, es el que más me gusta portar. El día de noviembre en que la usé, no escribí ni una sola línea, nada.

 
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