6:30 am. Avena y café en “la cocina” con mis compañeros de equipo, después reunión general y ejercicios matutinos. El líder de Peace Boat comenta sobre la tienda de kimonos. Dice que el trabajo fue extraordinario y que el dueño está muy feliz y agradecido. La noticia ha corrido por Ishinomaki y la gente está muy contenta. Los equipos 42 y 43 nos sentimos muy satisfechos y recibimos un fuerte aplauso de parte de todos los voluntarios.
Volvemos al estacionamiento de la casa del día de ayer a terminar de poner en bolsas todo el lodo removido por la excavadora. Nos toma toda la mañana hacer ese trabajo.
En alguno de los descansos, leemos con cuidado todos los mensajes que hay en la entrada de la casa. El más antiguo es de la familia que vivía allí, dice que están todos bien y por ahora se han ido a Sendai. El segundo es una notificación del corte del suministro eléctrico hasta nuevo aviso. El tercer anuncio dice que las Fuerzas de Autodefensa han revisado la casa (la revisión consiste en búsqueda de cuerpos y revisión de las estructuras). El cuarto es nuevo, lo acabamos de pegar y dice: “Peace Boat International Team 543″ con mensajes y las firmas de cada uno de nosotros.
Nos hace ilusión pensar que los dueños volveran pronto a su casa, econtrarán el estacionamiento libre de lodo y escombros, leerán nuestros mensajes y cuando entren a su casa en la cual quedo poco, encontrarán en una esquina los recuerdos que rescatamos del lodo y algunas fotos de momentos más felices. Espero que así sea.
Terminamos nuestro trabajo en la casa de los recuerdos. Tomamos algunas fotos del antes y el después y de las marcas que dejó el tsunami en la pared del edificio vecino.
De regreso a Ai Plaza me da tiempo de tomar algunas fotos más. Notamos que se han llevado muchos de los escombros que antes estaban en las calles, aunque aún quedan montañas de bolsas con lodo, basura, etc.
Tomo una foto de la tienda de kimonos que luce mucho mejor sin las montañas de muebles y mercancías que sacamos hace sólo un par de días. Los coches incrustados siguen allí.
Esa tarde, compartimos el almuerzo con un grupo muy numeroso de estudiantes coreanos de alguna congregación católica. Están en Ishinomaki por una semana para ayudar a limpiar. Después volverán todos a Corea a iniciar sus clases de primavera. Son muy amables y están muy bien organizados.
Por la tarde nos asignan otro espacio para limpiar. Es un lugar pequeño con una capa gruesa de lodo con un fuerte olor a podrido por los pescados muertos que hay en él. Antes de que finalice la jornada terminamos casi todo pero nos falta una parte que haremos al día siguiente a primera hora.
Volvemos a la zona de lavado para limpiar las herramientas y nuestra ropa de trabajo. Es uno de los momentos favoritos del día. Nos lavamos la cara y las manos y nos quitamos todo el lodo de encima. Algunos voluntarios aprovechan para ponerse shampoo en el pelo y lavárselo. Yo no me atrevo, no quiero enfermarme, el agua está helada y sigue haciendo mucho frío. El agua para la limpieza es suministrada por Nippon Foundation. Tratan el agua del mar para uso corriente y aparte transportan agua dulce para proveer a la comunidad. Por muchas semanas fueron la única fuente de agua potable para la gente de Ishinomaki.
Antes de llegar, pasamos por una calle paralela al río. La destrucción es increible, casa colapsadas, coches, escombros por todos lados. El nivel del agua en esa zona pudo haber alcanzado hasta los cinco metros. Fue en donde el mar se junto con el río devastando la parte de la ciudad que está alejada del puerto, la parte que ahora limpiamos.
Antes de llegar a la zona de lavado nos encontramos con un sento temporal de las Fuerzas de Autodefensa. La gente de Ishinomaki llega en sus bicis con sus toallas al hombro para tomar un merecido baño. Para muchos es su única opción ya que hay muchos sitios en la ciudad en los que todavía no hay agua ni gas. El olor a jabón es delicioso, nos imaginamos un buen baño. Ya son muchos días sin bañarnos. Esa imagen nos alimenta las ganas de buscar el sento del que nos habló ayer la voluntaria californiana.
De camino al campamento, pasamos por vario sitios abiertos, restaurantes y comercios. Es una pequeña parte de la ciudad que se ha recuperado más rápido ya que el tsunami no fue tan devastador. Se ven escenas de la vida cotidiana más allá de limpiar y sacar lodo.
Decidimos ir a buscar el sento del campamento militar. Cuando llegamos nos dicen que ya está cerrado pero nos dan la localización exacta para que vayamos otro día. Decidimos ir en el coche de Jason a buscar algún restaurante de la zona que vimos en la tarde. Nos detenemos en uno de tonkatsu.
Están por cerrar así que nos apresuramos a pedir la comida; cada uno un set de tonkatsu y una gran cerveza. La cena nos sabe a gloria aunque nos sentimos un poco fuera de lugar depues de tantos días cenando juntos en una casa de campaña a la luz de nuestras linternas.
La dueña, una mujer amable, sonriente y con mucha energía, nos cuenta que hace apenas una semana que reabrieron el restaurante. Les tomó un mes sacar el lodo y cambiar los tatamis y el papel tapiz que ahora nos enseña orgullosa. Nos dice que aunque el restaurante no estaba abierto, nunca dejaron de trabajar. Desde la primer semana después del terremoto y mientras limpiaban, ella preparaba obentos del delicioso tonkatsu que vendía junto con sus empleados afuera del local.
Estar en el restaurante nos da la sensación por un momento, de que no ha pasado nada. El mismo buen servicio de todos los lugares en Japón, la comida deliciosa, la cerveza bien fría. Pero observando detenidamente encuentro rastros de la tragedia, unas pequeñas manchas de lodo en las esquinas que son casi imperceptibles pero nosotros, que ahora somos ya expertos en el tema, nos damos cuenta enseguida. Al voltear a ver a los comensales, vemos que son grupos y familias como nosotros, en ropa de trabajo, el pelo enmarañado y el cansancio en su rostro, tomando un cerveza y disfrutando el momento, intentando dar un sentido de normalidad a una jornada de limpieza y reconstrucción.
Pienso que hasta hace unos días este mismo local no se diferenciaba mucho de todos aquellos que hemos ayudado a limpiar. Me vuelvo a impresionar de la fuerza de la gente de Ishinomaki y de la determinación por recuperar su vida, de sacar lo mejor de la situación. Hacemos un brindis por el equipo, por la cena y por la oportunidad de conocer a gente tan admirable.
“Pray for Ishinomaki”, Learn from Ishinomaki
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